¿Embajador de 3DS?¡Pero qué…!

Pues sí, queridos lectores. Me encontraba disfrutando de unas merecidas vacaciones apartado de toda la vorágine de información sobre videojuegos en la que suelo estar inmerso, cuando al entrar...

Pues sí, queridos lectores. Me encontraba disfrutando de unas merecidas vacaciones apartado de toda la vorágine de información sobre videojuegos en la que suelo estar inmerso, cuando al entrar a Es La Última para leer lo que se cocía en el mundillo, me encontré con esta noticia.

Así que ahora soy Embajador de 3DS. Y claro, uno no es elegido embajador por cualquier motivo. Uno es elegido embajador porque es un comprador inicial de cada cacharrito que a Nintendo y las demás compañías que fabrican videojuegos se les ocurren colar en las estanterías de esos, nuestros templos del consumismo. Uno, cuando es nombrado embajador -que palabra más bonita, denota importancia-, siente como que debe ser alguien muy valorado por el organismo que ha realizado el nombramiento en cuestión, en este caso Nintendo (de mis amores). Y claro, como soy un tipo importante, el cargo viene acompañado de ciertos «privilegios». Concretamente, poder descargar 10 juegos de NES y 10 juegos de Gameboy y Gameboy Color desde la Nintendo eShop de mi querida 3DS.

Vale, reconozco que al principio me puse tontorrón al leerlo. «¡TOMA!¡Veinte clasicazos en mi bolsillo, por la cara!», pensé enseguida. No, querido. Por la cara no. Por imbécil. Por consumista. Por manirroto. Por enganchado. Por… podría seguir durante varios párrafos más, pero lo dejaré aquí.

Resulta que Nintendo se ha equivocado con 3DS, de eso ya no cabe duda. La idea es innovadora, aporta algo que no existía, pero por diversos motivos la consola no está siendo lo que se esperaba. A nosotros no nos acaba de convencer. Y a los de Kioto tampoco. Según nuestro querido redactor Anastasio, es posible que pueda deberse a la cercanía de PSVita y sus interesantes prestaciones y precio. Pero lo que está claro es que han metido la pata y quieren arreglarlo antes de que aparezca la nueva portátil de Sony. Muy bien, eso lo entiendo. Y entiendo que se inventen el «Ambassador Program» de marras (muy a lo Welcome Back –la hemos cagado, tomad unas chucherías y olvidadlo– que Sony se sacó de la manga hace poco con el Fiasco de PSN). Pero no deja de molestarme el hecho de que siempre me toque a mí.

Así que puedo prometer y prometo que jamás volveré a caer en algo así. No compraré una nueva consola en su fecha de lanzamiento si el salto cualitativo no está claramente demostrado. No correré a los brazos de mi dependiente de tecnología habitual con la tarjeta de crédito entre los dientes, farfullando cosas sin sentido mientras meten el cacharrito en una bolsa. No. Jamás.

A todo esto, ¿cuándo sale PSVita?

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