Cities Skylines. Análisis

Hay un dicho que reza que las comparaciones son odiosas pero lo cierto es que cuando entramos a analizar un juego en un género tan sumamente dominado por una...

Hay un dicho que reza que las comparaciones son odiosas pero lo cierto es que cuando entramos a analizar un juego en un género tan sumamente dominado por una franquicia, SimCity, es casi inevitable pensar en las comparaciones entre uno y otro. Colossal Order, un pequeño estudio que ya tiene a sus espaldas otros dos títulos del estilo, Cities in Motion 1 y 2, ha querido dar un salto y crear un simulador de ciudades que nos permita la libertad con la que todos soñamos y la verdad es que han dado un paso de gigante.

Todos tenemos en la memoria a SimCity,  el cual advertimos como un querer pero no poder, con más polémica que diversión entre la obligación de estar siempre conectados a la red, una limitación de espacio muy grande centrándose en la construcción vertical más que horizontal y un problema que siempre acompaña a estos juegos: el tráfico. ¿Ha mejorado algo de esto Cities Skylines? Lo cierto es que sí, y mucho.

No nos emocionemos demasiado

Como nos gusta empezar primero por los puntos negativos y de ahí ir hacia lo mejor, comenzamos con el apartado técnico de Cities Skylines. Uno de los grandes problemas que detectamos en Cities XXL era que nuestro ordenador muy pronto veía como empezaba a realentizarse por muy potente que este fuera, algo que puede desalentar a cualquiera. Teniendo en cuenta que Colossal Order no es un estudio muy grande no ha sido de extrañar que nos encontremos con un juego que gráficamente va justo, utilizando una adaptación de Unity, y que no goza de casi detalles, como es la posibilidad de ponernos a ras de suelo o seguir a nuestros ocupados ciudadanos.

Sin embargo todo esto tiene una gran ventaja y es que en Cities Skylines tendremos una amplia oferta de construcción, pudiendo hacer ciudades realmente grandes, por  lo que no notaremos cómo nuestros ordenadores lastran el exceso de objetos en movimiento o la aglomeración de edificios. Lo cierto es que si tenemos que escoger entre variedad de edificios, bonitas postales y lag gráfico o falta de optimización, nos quedamos claramente con la posibilidad de expandir nuestros horizontes sin duda alguna.

El apartado sonoro la verdad es que casa perfectamente con esta clase de juegos: una banda sonora que nos acompaña en todo momento, aunque en algunos puntos se emociona un poco rozando un momento épico, y con efectos de sonido que no tienen demasiado peso en el transcurso de nuestras partidas. En definitiva el apartado técnico es un poco justo, pero que para nosotros es de lo más irrelevante manteniendo un estándar mínimo y ofreciéndonos lo realmente importante: una buena jugabilidad.

cities skylines

Un buen proyecto acompañado de ideas frescas

Muchas veces tendemos a pensar que ya está todo inventando en el mundo de los videojuegos, pero no sabemos lo equivocados que estamos hasta que alguien tiene un par de buenas ideas. SimCity nos dejó con ganas de más, de mucho más, y Cities Skylines ha sabido complacer al usuario en muchas de sus facetas. Como siempre empezamos por los puntos negativos del juego y es que la dificultad que nos encontramos es casi nula. A menudo en este género tenemos que empezar un par de ciudades mientras nos habituamos a la interfaz, las necesidades de los habitantes e incluso a las construcciones, ya que una equivocación nos puede salir muy cara en ciertos momentos y hacer que nos arruinemos. No es el caso de este título donde a la primera y en muy poco tiempo ya podemos tener un saldo positivo y construir la ciudad de nuestros sueños. A esto hay que añadirle la falta de personalización y de mejora de los edificios, algo que fue una decisión muy acertada por parte de SimCity, pero que finalmente tampoco influirá demasiado en su desarrollo.

Lo primero que nos encontramos ante nosotros al iniciar la partida es un terreno de 2 x 2 Km, un cuadrado de tierra que ya nos parece más grande de lo que pudimos disfrutar en SimCity. Nuestra primera sensación fue la de que podríamos estar ante el mismo estilo que el juego de Maxis, pero nada más lejos de la realidad. A medida que vayamos aumentando nuestra población vemos cómo se van habilitando servicios, políticas… y terreno. Desde luego la extensión de nuestra ciudad nunca será un problema, ya que tendremos más solar del que podamos abarcar.

Cuando hablamos de políticas tenemos que destacar que estamos ante una de las grandes ideas de Cities Skylines. Gracias a ellas podremos hacerle la vida más fácil o más complicada a nuestros habitantes, lo que repercutirá en nuestra ciudad al momento. Regalar detectores de humo a todos los edificios, realizar campañas para concienciar la educación, eliminar los camiones pesados de nuestras carreteras residenciales… todo ello influye tanto en nuestras arcas municipales como en las necesidades de los habitantes. Además, por si esto no fuera poco también podremos “pintar” barrios, pudiendo poner reglas específicas para zonas de nuestra ciudad, como son impuestos más bajos para crear una casta social, políticas favorecedoras, industria especializada en un tema (alimentaria, tecnológica, mineral…) y un largo etcétera que realmente nos da muchísimas posibilidades y nos ofrece un nivel de personalización de la ciudad que no habíamos visto hasta ahora.

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Otra de las cosas que nos ha llamado la atención ha sido la forma de ofrecer los servicios básicos un poco más profundo que en otros juegos modernos. Nos acostumbramos últimamente a que las carreteras otorguen todo automáticamente, pero en Cities Skylines tendremos que abastecer la electricidad mediante torres de cables (algo que finalmente iremos eliminando ya que las casas se la pasan de una a otra) o los conductos del agua, algo a lo que sí que tendremos que echarle un ojo constantemente. El transporte público también está muy presente en el título, dándonos la posibilidad de hacer rutas de autobuses, tren, aeropuertos y hasta de metro, algo que también echábamos de menos. Quizás a la hora de construir infraestructuras es donde tendremos que pelearnos más sea a la hora de crear carreteras con puentes y pasos a nivel, ya que muchas veces vemos cómo las autopistas se interponen en nuestro camino y crear más uniones para aligerar el tráfico es más fácil decirlo que hacerlo.

Tráfico… uno de los grandes problemas de los simuladores de ciudades. Seguimos sin encontrar un sistema perfecto de este gran mal, pero lo cierto es que en esta ocasión nos hemos encontrado con uno de los mejores juegos en este sentido. Las aglomeraciones que nos encontramos en ciudades de 40.000 habitantes siguen siendo exageradas, pero al menos con trabajo y esfuerzo por nuestra parte es factible poder aligerarlo, con los usuarios buscando rutas alternativas o jugando con inteligencia con las políticas de tráfico pesado.

Por si todo esto no fuera poco,  Colossal Order nos dan libertad total a la hora de modificar el juego permitiéndonos, gracias a  Steam Workshop, poder crear nuestro mapas, edificios, parques… todo lo que podamos imaginar. Para ello dispondremos de un editor que nos da la posibilidad de hacer todo esto y compartirlo con la comunidad. Además si lo que nos gusta es construir por construir, sin importarnos el dinero y el espacio, podremos utilizar las opciones de dinero ilimitado y todos los edificios desbloqueados.

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Conclusiones de Cities Skylines

Paradox Interactive y Colossal Order han unido fuerzas una vez más para traernos un simulador de construcción de ciudades puro que bien puede rivalizar con las grandes franquicias del mercado. Con un apartado técnico algo justo lo cierto es que nos ha dejado muchas horas de diversión y la libertad para realizar ciudades que estábamos pidiendo a gritos. Grandes ideas respaldadas con una buena implementación nos han dejado un muy buen sabor de boca, las cuales podrían mejorar con el tiempo aún más si llevan a cabo la promesa de actualizar constantemente Cities Skylines.

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Apasionado del mundo de los videojuegos, cine, música, rol, literatura... todo lo que tenga que ver con la creatividad. Escritor frustado con sus propios guiones.

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