PASSENGERS. Crítica

Acción y romance entre Adan y Eva de las galaxias

Precedida de gran expectación, como si de un acontecimiento planetario se tratara provocado por una milimétrica y muy bien diseñada campaña de marketing, por fin podremos disfrutar en las salas de cine de PASSENGERS.

Ante todo, hay que felicitar a SONY PICTURES, la distribuidora del filme, por la gestión de las expectativas de esta película desde meses atrás, que culminó en una espectacular presentación a los medios del filme en Madrid, con la presencia en cuerpo y alma de sus dos estrellas protagonistas en un sensacional set de prensa que simulaba la mismísima nave en la que se desarrolla el filme. Un concurrido evento al que un servidor tuvo el placer de asistir.

PASSENGERS sitúa su acción en un futuro no muy lejano en el que, alejándose de una superpoblada Tierra, la nave espacial Avalon transporta en hibernación a miles de colonos hasta un remoto planeta. Pero un accidente provoca que un joven mecánico llamado Jim Preston (Chris Pratt) se despierte 90 años antes de lo previsto y ante la desoladora perspectiva de envejecer y morir en soledad, tras revisar las fichas de sus compañeros de viaje, decide despertar para que le haga compañía a una bella pasajera llamada Aurora Lane (Jennifer Lawrence).

Así concebida, la película parece una versión o revisión sideral del cuento de la Bella Durmiente -no debe ser casual que la coprotagonista se llame Aurora, como la princesa del cuento- y posiblemente el ilustre guionista de este filme (nada menos que Jon Spaihts, autor del guión de Prometheus y de Doctor Strange,  del que esperamos con avidez el próximo reboot de La Momia) la tuvo en mente para planear esta historia, darle una vuelta, enfocarla desde la perspectiva de un náufrago príncipe azul del espacio y ver qué ocurriría con la princesa Aurora tras su involuntario despertar. Y lo que ocurre es una especie de cuento de amor de Adán y Eva de las galaxias, tamizado por espectaculares escenas de acción (entre las que destaca especialmente por su originalidad la secuencia de antigravedad en la piscina que el tráiler se encarga de desvelar), dentro de un cocktail futurista que se complementa con amenazas de catástrofe a lo Titanic, soluciones tipo McGuiver incluidas, majestuosos y emocionantes paseos espaciales a lo Gravity,  y se sazona con su punto de misterio y algunas pizcas de humor.

Su director, el noruego Morten Tylden, autor del muy notable thriller nórdico Headhunters, y del exitoso biopic The Imitation Game, da un paso más en su sometimiento a la industria americana y firma este pastiche, en el mejor sentido de la palabra, de cine de acción, romance y ciencia ficción. No se percibe ningún sello de autor, lo cual no es ni malo ni bueno, aunque habría sido interesante que guionista y director hubiesen ahondado con mayor profundidad en temas muy sugestivos para la ciencia ficción que aquí aparecen esbozados sólo como premisa o telón de fondo: las consecuencias de la superpoblación y sus implicaciones políticas, el poder de las corporaciones mundiales en la colonización del espacio, o incluso asuntos más intimistas como el desarraigo vital de los protagonistas y sus motivos para impulsarlos a la emigración galáctica.

Llama la atención que los tráilers previos al filme jueguen al despiste y den a entender que lo determinante de la historia es el misterio que envuelve la nave y el destino de los protagonistas, cuando en verdad esa parte va quedando explicada en el desarrollo y su resolución es de lo más previsible de toda la película.

Porque es en la historia de amor donde PASSENGERS carga las tintas apoyándose en sus protagonistas, la gran baza de esta película, cuyo evidente atractivo impregna toda la obra. Un tándem sabiamente elegido pues ambos se han ganado a pulso su condición de estrellas en una carrera en la que por el momento Jennifer aventaja en sueldo y en bagaje fílmico a su compañero, aunque el protagonista de Guardianes de la Galaxia y futuro Indiana Jones tiene aún mucho que decir. Precisamente en este caso, el comportamiento y las motivaciones del personaje de Pratt están mejor definidos que el de la bella Aurora, cuyas reacciones y evolución emocional resultan algo más débiles y contradictorias.

También debemos destacar entre el reparto al sugerente barman androide interpretado por Michael Sheen, o el personaje del oficial encarnado por Laurence Fishburne fundamental para la trama de acción pero argumentalmente lo más endeble de toda la película. Pero sobre todo hay una especie de personaje ambiental omnipresente que es la propia nave Avalon, el otro gran coprotagonista del filme, una especie de híbrido entre gigantesco crucero intergaláctico y nave de hibernación, un veloz cosmobuque controlado por una potente computadora y en cuyo fascinante diseño nos gustaría perdernos por un tiempo para poder explorar sus pasillos, salas y recovecos.

En definitiva, PASSENGERS como película de ciencia ficción deja con ganas de más a quienes amamos el género, pues el guión se pliega ante el evidente carisma y química de su dúo protagonista y decide centrarse en el drama romántico y de aventuras en el espacio. Desde este enfoque, pese a algunas inconsistencias argumentales y ciertos excesos en los momentos de acción, el filme funciona como un mecanismo impecable de energía y emoción. Sus dos horas de metraje pasan en suspiro gracias a su excelente diseño de producción y al atractivo de Chris Pratt y Jennifer Lawrence.

 

PASSENGERS
7
PASSENGERS
The Good
  • La nave Avalon.
The Bad
  • El tráiler da a entender cosas que no son.
  • Nota
    7
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