Project Highrise. Primeras Impresiones PC

Primeras impresiones de Project Highrise, el nuevo simulador de SomaSim Games

El modesto estudio SomaSim Games, afincando en Chicago, no tiene ese nombre por casualidad. Lo suyo son los juegos de simulación, algo que ya demostraron con su ópera prima, un simulador de gestión de ciudades ambientado en la fiebre del oro de California llamado 1849. Ahora, el estudio vuelve a la carga con Project Highrise, un simulador de rascacielos que llegará a Steam el próximo 8 de septiembre. A continuación, os detallamos qué debéis esperar de este juego.

¡Arriba, arriba!

La premisa de Project Highrise es realmente sencilla: construir y gestionar un rascacielos; que acabe convirtiéndose el símbolo de la ciudad o una ruina gigantesca dependerá de nuestra habilidad para usar las distintas opciones que el juego pone a nuestra disposición.

En primer lugar, y como podéis imaginar, la característica esencial del título es la verticalidad. Con las herramientas de infraestructura —fundamentales para dar forma al edificio—, podremos construir el rascacielos piso a piso, uniéndolos con escaleras y/o ascensores, o extendiendo cada planta horizontalmente para aprovechar mejor el espacio. Así, podremos crear auténticos gigantes de hormigón, con hasta 40 plantas de altura y 20 pisos bajo tierra.

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Pero lo interesante vendrá después, cuando el jugador tenga que decidir cómo ocupará los espacios que ha creado. Al principio de la partida, las opciones serán reducidas, pudiendo construir oficinas sencillas, estudios modestos y pequeños restaurantes para empezar a dar vida al rascacielos. Más adelante, tendremos mejores opciones: tiendas de toda clase, apartamentos y dúplex, suites…

Una vez preparado el espacio, tendremos que elegir a quién se arrenda: ¿alquilaremos la oficina a un bufete de abogados o a unos contables? ¿Pondremos una pastelería en el segundo piso o un restaurante de comida rápida? Las opciones no son siempre meramente anecdóticas, sino que cada una tendrá sus beneficios y exigencias, incluso dentro del mismo tipo de arrendador: un diseñador podría querer tener un servicio de mensajería en el mismo rascacielos, mientras que otro nos exigirá un servicio de agua embotellada.

Y es que, como se puede ver, nuestro rascacielos no se quedará en un mero edificio de oficinas y viviendas, con algún restaurante aquí y allá. Según progrese la partida, necesitaremos más y más servicios: conserjería, copistería, informática, fitness… para los empleados de las oficinas; lavandería, fontanería, limpieza, guardería… para nuestros inquilinos. El juego nos presenta gran variedad de opciones en este sentido, lo que nos permitirá convertir el edificio en prácticamente una ciudad comprimida.

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Por supuesto, como en todo buen simulador de construcción y gestión, el jugador deberá estar atento a los suministros del rascacielos. En el caso de Project Highrise, contaremos con cinco suministros distintos: electricidad, teléfono, televisión por cable, agua y gas. Tras realizar las oportunas instalaciones —transformadores eléctricos, medidores de agua, colectores de gas…—, deberemos llevar el suministro allá donde sea necesario. Así, por ejemplo, mientras que una vivienda básica sólo requerirá de agua y electricidad, un estudio de lujo demandará, además, gas y televisión por cable. La administración de estos suministros se convertirá en una de las claves del juego, sobre todo respecto al control de cuánta potencia necesitamos y cuánta tenemos a nuestra disposición.

Todo lo que hemos comentado hasta ahora —construcción de espacios de trabajo y vivienda, y acceso a suministros y servicios— conforma un sistema de satisfacción para nuestros inquilinos bastante simple, pero que funciona bien. Cada persona que viva o trabaje en nuestro edificio tendrá unas necesidades que cubrir, por lo que se debe estar atento a cualquier descontento si no queremos perder a nuestros arrendatarios. Es mala idea colocar una vivienda de lujo junto a un ruidoso y maloliente restaurante, como también lo es dejar sin agua a una cafetería. Construir de cualquier manera, sin pensar en las consecuencias, llevará a la quiebra, por lo que Project Highrise exige cierto componente estratégico al jugador.

Algo más que un simple rascacielos

¿No os ha ocurrido nunca que, tras echar horas y horas a un simulador de construcción y gestión, el juego acaba convirtiéndose en una mecánica repetitiva que acaba aburriendo? Desde hace años, los distintos simuladores que han ido saliendo al mercado han intentado paliar esto de una u otra manera. En el caso de Project Highrise, han querido dar solución al problema con los contratos, que no son más que objetivos que puedes ir aceptando para, una vez completados, obtener dinero, influencia o interés. Instalar un número concreto de oficinas distintas, conseguir una población determinada… Estos retos irán empujando al jugador hacia formas distintas de encarar la partida, y dará una sensación de objetivo que ayudará a evitar el aburrimiento de la reiteración. Sin embargo, no nos equivoquemos: incluso a pesar de la existencia de los contratos, expandir el rascacielos con nuevas plantas siempre tendrá un elemento de repetición, con la necesidad de volver a colocar los servicios básicos en las nuevas alturas.

Project Highrise también integra un sistema de recompensas en forma de puntos de interés e influencia. El interés, generado por las oficinas, tiendas y restaurantes más famosos, o por la consecución de contratos, permitirán iniciar campañas mediáticas, las cuales, durante 24 horas, nos otorgarán algún tipo de bonificación: satisfacción, aumento de ingresos, reducción de costes, etc. Respecto a la influencia, conseguida a través de ciertos inquilinos y de las mejores oficinas y, también, a través de algunos contratos, nos dará acceso a decoradores de interiores, cabildos políticos y gestores de edificios. Como veis, todo tiene cabida en nuestro rascacielos.

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Por último, hay que destacar otras opciones que el título pone a disposición del jugador para conformar una mayor experiencia: la existencia de prestamistas para ayudarnos en los momentos económicos más desesperados, y la opción de instalar arte y otros elementos decorativos en el edificio. Además, como no podía ser de otro modo en un simulador de gestión, podremos consultar diversos informes que nos ayudarán a ver cada aspecto del rascacielos, y corregir así cualquier problema a tiempo.

Respecto a los apartados técnicos, Project Highrise es un juego gráficamente sencillo, pero cuyos elementos están bien detallados. Sonoramente no destaca, con esa especie de hilo musical que sonará casi en segundo plano mientras perdemos horas de nuestro tiempo haciendo crecer el rascacielos. Ah, sí, también están esas terribles voces que, al estilo de Goofy, nuestros inquilinos exhalan cada vez que hacemos clic en ellos.

La inauguración espera

Tras todo lo visto, ¿es Project Highrise un buen simulador? La respuesta es… sí. Sencillo, pero con cierta profundidad, hará las delicias de los amantes de la gestión de edificios, y también gustará a aquellos jugadores que tengan ganas de probar un simulador tranquilo e intuitivo en el que invertir horas y horas.

Sin embargo, el título no es perfecto: a veces, los deseos contradictorios de los inquilinos nos empujarán hacia soluciones imposibles —quieren contenedores de basura y reciclaje cerca, pero el olor de los mismos les molesta—. Por otro lado, no parece haber opción para que los trabajadores construyan en el orden que deseemos. Pequeños detalles que, de ser solventados, podrían hacer que el juego fuese aún mejor.

De todos modos, la respuesta definitiva la tendremos el 8 de septiembre, con el lanzamiento de la versión definitiva.

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Arqueólogo sin látigo, bajista con demasiados proyectos, escritor a ratos, traductor DLANero, jugón apasionado. Edición limitada, de oferta en Steam.
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