The Evil Within. Análisis Xbox One

Después de varias secuencias de acción en las que soy perseguido por distintos zombis, sorteando trampas y evitando la muerte en cada rincón, conduzco a mis enemigos a una muerte segura. Son ellos o yo, el detective Sebastián Castellanos. Acabo atrapado en un emplazamiento del que solo quedan lo que parecen los restos de un pueblo. En esta zona un monstruo temible con máscara y una motosierra quiere convertirme en picadillo para zombis.

Siete horas antes, al cargar el juego de Tango Gameworks, compañía fundada por Shinji Mikami, finalmente apareció en la interfaz de la consola una imagen inquietante. Se asomaba por el televisor un cerebro rodeado de alambres que indicaba el juego al que iba a dedicar las próximas horas. Un viaje a un lugar donde la imaginación y la tensión alcanzan un punto tan álgido que en cualquier momento podemos perder la vida y la cordura.

Bienvenidos a la review de The Evil Within.

Una vuelta al pasado

The Evil Within es una vuelta a los orígenes del género del survival horror ideado por Mikami, creador de la saga Resident Evil. Este maestro del suspense ha demostrado durante muchos años que es un experto en hacernos sudar sangre para superar sus desafíos, pero no por su dificultad, sino por sus intensos guiones y sus situaciones extrañas, sacando de historias sobre crímenes aparentemente normales, lo sobrenatural y lo fantástico.

El juego comienza en el coche patrulla de un grupo de policías. Se dirigen al Hospital Mental Beacon, en la ciudad de Krimson, una institución mental donde se han cometido unos asesinatos. Al presentarse ahí para investigar la zona, sin darse cuenta, sus vidas cambiarán radicalmente. Sí, es cierto, tal vez la idea del juego comienza como un cliché típico de película de terror de serie B, pero no por eso el juego no va a contar con sus giros de guion y un final, por decirlo así, sorprendente.

No es de extrañar puesto que nuestro protagonista, el detective Sebastian Castellanos, tiene una personalidad fría, sin sentimientos. Así lo demuestra con frases tan peculiares como: “Man, I think I’m losing it” (creo que estoy perdiendo la cabeza, nótese la ironía puesto que el personaje en muchas ocasiones muere decapitado por sus enemigos) o “What’s going on here?” (¿Qué está pasando aquí?), tras haberse encontrado ya en mitad de la aventura con miles de zombis y entes indescriptibles. Para alegría de los jugadores que gustan de historias largas, The Evil Within tiene quince capítulos. No solo son un desafío para el jugador por su dificultad, sino que los propios clichés (un elemento típico en un juego de estas características) han sido moldeados de tal forma que lucen originales, frescos. Nunca imaginé que un maniquí podía dar tanto juego.

Que la niebla no ciegue tu camino

Este título goza de un aspecto visual muy bien definido y tétrico, apoyado en una excelente iluminación, haciendo que los capítulos, a pesar de ser muy lineales, se vuelvan claustrofóbicos y laberínticos. Tanto los entornos, como los personajes y enemigos están bien detallados, a pesar de que en algunas zonas se pueda apreciar un poco de «clipping» e incluso contornos algo bruscos. Se nota una mejoría notable, si comparamos la versión que estamos analizando (Xbox One) con la generación pasada (360). Los elementos en pantalla se mueven con elasticidad, los movimientos son fluidos y las físicas responden a las mil maravillas.

Una ambientación ligada al detalle con interiores muy compactos, llenos de efectos de sombras que nos erizarán hasta los pelos de los brazos y, en conjunto, un aspecto visual que nos provocará más de un sobresalto y que también nos transmitirá, desde el primer momento, una sensación de misterio y vértigo que pocos títulos han logrado alcanzar. Elementos como la niebla, el sanatorio, los enemigos, las distintas zonas de juego (el pueblo de la torre es un portento visual con detalles exquisitos como la vegetación o un atardecer que brilla y destaca por su alta calidad tanto en iluminación como en composición)… todo alcanza un muy buen nivel, aunque aún falta para que se pueda considerar un juego puro “Next Gen”.

Sonidos que cortan el viento

La banda sonora en un videojuego de este género es tan importante o más que los elementos visuales. Para nuestro deleite, este juego nos envolverá desde el minuto uno a través de las distintas melodías oscuras que encontraremos por los capítulos, con una percusión similar a la de películas como El informe pelícano o Resident Evil. La gran variedad de efectos que nos mantendrán alerta en todo momento también son de agradecer. Estos provocarán situaciones tan absurdas como disparar al aire, cuando escuchemos a lo lejos los gemidos de alguno de nuestros enemigos.

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Jugabilidad clásica con un enfoque completamente distinto

Si algo gusta de un juego de estas características, es que nos meta en situación; que nos haga sufrir. Sentirnos, al menos durante unas horas, como el protagonista de una película de terror (con la tranquilidad de sabernos a salvo en casa). Los enemigos de este juego son figuras terroríficas y en algunos casos vamos a encontrar homenajes a juegos antiguos de Mikami, como por ejemplo Resident Evil 4, último proyecto del creador nipón antes de formar su propio estudio. Personajes que podríamos encontrarnos fácilmente en nuestras pesadillas o en películas de terror japonés. Figuras que seguro formarán parte de la activa comunidad cosplayer en la próxima noche de Halloween, como por ejemplo zombis con cabezas atravesadas por trozos de metal o enemigos enmascarados con motosierra.

El juego es aún más tenso por la falta de «items» que nos ayuden. Contaremos con una limitada barra de energía, poco aguante en los pulmones (para nuestra desgracia, ya que vamos a tener que escapar mucho y a la mínima carrera nuestro personaje se ahogará y tendrá que pararse para tomar aire… dichoso tabaco) y poco armamento. Una vuelta tradicional a la falta de arsenal tan típica de clásicos como Resident Evil o Silent Hill; a la necesidad de buscar siempre un lugar donde estar a salvo y, por supuesto, a ser lo más sigilosos que podamos, a pesar de no ser la mejor estrategia para acabar el juego.

Contaremos con una pistola, una escopeta, un rifle de francotirador, una ballesta y granadas. Además de no ser muy variado tampoco contaremos con mucha munición. Otros elementos que utilizaremos en nuestra particular pesadilla serán las trampas y las botellas que, a modo de reclamo, usaremos para distraer a nuestros enemigos y así poder matarlos a traición. Debo decir que este punto lo ha complicado en exceso la desarrolladora. En muchas ocasiones, aunque hagamos una estrategia perfecta para alcanzar a nuestro enemigo por la espalda, seremos descubiertos de la manera más injusta, en el último segundo, causando o nuestra muerte en el acto o una huida como la de Alcatraz.

De todos modos, aunque es un juego complicado, no es imposible acabarlo y además no estamos solos. Tendremos unas maravillosas botellas verdes de gel que nos ayudarán a hacer que nuestro personaje mejore sus estadísticas, su armamento o lo que nosotros queramos. Conforme avancemos por los capítulos también escasearán haciéndose tan valiosas como cualquier arma. Este último toque de personalización será otro punto a favor para un juego que reclama su sitio dentro del complicado mundo de los survival horror.

Conclusión

El ritmo frenético de este título hará que nuestros corazones se aceleren ante las secuencias tan bien hiladas que son los quince capítulos de este juego de supervivencia. Muchas horas de diversión (nos prometieron cerca de 20 horas y han cumplido) y varios ataques al corazón antes de acabar el juego, pero serán minutos divertidos y bien aprovechados.

Tanto el conjunto audiovisual, a pesar de esos leves detalles técnicos, como la ambientación y el guion, hacen de este producto desarrollado por Tango Games una apuesta clara a survival horror del año.

Ardo en deseos de reencontrarme con el zombi de la motosierra y sentirme de nuevo atrapado y desvalido. Disfrutar del sosiego y la calma del atardecer en el pueblo al acabar con el martirio de este pobre ser inmundo. Quiero volver a sentir la tensión, la espera, de saber que los zombis siguen agolpándose en la puerta dispuestos a acabar conmigo, el detective Sebastián Castellanos.

Lo mejor:

Lo peor:

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